Pensar fuera de la caja,
soñar dentro del estanque
Por: Joanny Oviedo
A través del espectáculo de teatro acuático de calle Fous de Bassin, la organización francesa Ilotopie le da un nuevo uso algo tan cotidiano como un puerto para convertirlo en el escenario de un debate frente a lo rutinario. En octubre, le tocó a Puerto Madero, en Buenos Aires, ser la tarima de esta obra que busca transgredir lo convencional
Los creativos suelen recomendar la estrategia de “pensar fuera de la caja” (“thinking out of the box”) para encontrar soluciones novedosas a los problemas o para lograr ver, desde perspectivas más audaces, hasta las trivialidades menos desafiantes. Pero, a veces, hacer justo lo contrario a lo aconsejado también puede funcionar, como por ejemplo, meter a unos locos dentro de una caja -o mejor aún, dentro de un estanque- y lograr con ello que la creatividad vuele o chapotee libre fuera de las paredes constreñidoras de nuestros preconceptos y rumbo al espacio siempre infinito del arte y la imaginación.
Con una idea más o menos así de transgresora y escurridiza, la compañía francesa Ilotopie, experta en invenciones e intervenciones artísticas, creó la obra de teatro acuática Fous de Bassin (“Locos del Estanque”), en la que un grupo de actores toma los puertos de distintos países –han estado, por ejemplo, en Francia, Italia, Gran Bretaña, Rusia, Japón y recientemente en Argentina- y los convierte en un vecindario común y corriente donde la vida transcurre suspendida en el vapor de la cotidianidad de unos ciudadanos que, de repente, ven su monotonía interrumpida por seres ajenos a su mundo: unos hombres de fuego –símbolo de renovación y de vida, entre otras cosas– que llegarán para poner en entredicho la realidad rutinaria y forzarla a debatir con las chispas fogozas de lo nuevo, aquello que escapa del molde de lo preestablecido y que, como en los sueños, nos puede lleva por el camino de lo ilógico, lo irracional, lo emotivo, y a la vez hacernos explorar nuestro interior.
Tal vez con la intención de generar menos resistencia ante la sacudida que pretende hacerle al espectador, este espectáculo que en octubre se exhibió en Puerto Madero como apertura al IX Festival Internacional de Buenos Aires –frente a más de 20 mil personas– tiene un halo onírico. Fous de Bassin muestra a un hombre empijamado que inicialmente tiene su cama atada a un árbol –que remite a raíces, a lo concreto, lo que se puede asir– al que posteriormente soltará para aventurarse a navegar por las aguas de su barrio mientras rema con fuerza desde su colchón acompañado por una cálida lamparita de noche. Así, libre, el soñador permitirá que las aguas donde antes navegaba tranquilito se revuelvan y que los hombres de fuego desaten una batalla contra la pasividad.
El trabajador del aseo municipal, la mujer que paseaba a su hijo en el coche, el chico que daba una vuelta en bicicleta y el señor que leía con calma su periódico verán su mundo trastocado por visitantes enérgicos de otro vecindario.
Letras que sobran
En ocasiones, las palabras están de más y de nada sirve intentar traducir en signos coherentes cosas que borbotean sin orden en nuestro interior. De la misma manera, Fous de Bassin deja de lado la narración y los diálogos entre personajes para darle prioridad a la música y los estados anímicos que caracterizan cada escena: primero, la calma perfecta en la que se pasan los minutos de la cotidianidad; luego, el suspenso por el encuentro de dos mundos –realidad y sueño o rutina y aventura-; la guerra; y al final, la celebración por el proceso de choque y de aprendizaje que termina por darse.
Desde otro punto de vista, la ausencia de palabras podría ser una ventaja para exportar con facilidad una obra que, sin necesidad de traducciones ni pasaportes es capaz de viajar de espectador en espectador explotando un tema universal como lo es el cuestionamiento al orden de las cosas. Así, solo guiado por luces, imágenes y ritmos, cada espectador podrá apropiarse de esta exploración onírica y sensorial a su manera.
¿Cuál es el final de la obra? Naah, me atrevería a decir que no hay uno solo, sino que este variará según los ojos que lo miren.

Juegos de palabras
La compañía Ilotopie, invenciones e intervenciones artísticas, fue creada en 1979 en el Puerto Saint Louis du Rhône, en Francia, en una isla de Camargue, en Francia, con la idea de hacer circular “una cultura original que acariciara lo imaginario elogiando la fuerza de los espacios públicos” a través de un teatro itinerante “sin palabras”, pero “rico en sentido y utopías”. De esta manera, la combinación “Îlot”, que significa “islote”, encajaría con la alusión a la “utopie”, aquello que se anhela, pero que, aun cuando difícilmente se podrá alcanzar, valdría la pena soñarlo.
Además de este juego de palabras inicial que parece desprenderse del nombre de la agrupación, llama la atención que la denominación del evento “Fous de Bassin” suene muy similar a “Fou de bassan”, que es un alcatraz que suele andar en el agua y al que generalmente sus alas, largas y estrechas, le restan agilidad al momento de hacer los giros necesarios para aterrizar o encarar la tierra.
Unas 20 mil personas asistieron al espectáculo en el Dique 2 de Puerto Madero, en Buenos Aires, por lo que algunos tuvieron que hacer maniobras para lograr ver parte del evento.
RECUADRO



Urbaneando
© Copyright 2013 La Letra Convexa. All rights reserved
