Entre Letras y Signos
Sobre Willy Mckey
Por: Luis Mancipe León
Sobre Paisajeno
Cristóbal Colón cuando llegó a Venezuela y vio “con la mirada rota en sangre” (como confiesa en una de sus cartas) el hermoso paisaje que esta le ofrecía, decidió bautizarla como la “Tierra de gracia”, “el paraíso terrenal”. Aquella condena que el deslumbrado explorador dejó caer sobre estas tierras ha trascendido el tiempo, y las generaciones de venezolanos han cargado con el peso de aquellos epítetos tan comprometedores, como bandera en algunos casos y como vergüenza en otros.
Después de aquel episodio, el tópico de la hermosura y el paisaje continuó apareciendo en la poesía venezolana inevitablemente, porque toca admitirlo, es difícil no dejarse seducir por la apabullante belleza natural que ofrecen las tierras del trópico caribeño. Sin embargo, el tiempo y la historia fueron penetrando en las honduras del mar, en el espeso follaje, en las superficiales y profundas riquezas y en la hermosura toda para dar paso a otra corriente de la poesía que descubre detrás de todo aquello, el horror, la violencia, el peligro y la tragedia. Es en ese territorio que revela el tiempo, en los hombres y sus peripecias, donde podemos encontrar esa poesía que le huye al paisaje.
Paisajeno resulta ser un poemario que se inserta en esa rama del frondoso árbol de la tradición poética venezolana que pretende dejar en evidencia el fallo de aquellos epítetos coloniales; revisando sobre todo el pasado siglo XX y paisajéandolo, dibujando un lienzo en el que se proyecta ese país ajeno, en el que “las memorias viejas adivinan alguna belleza” (p; 75), ese paisaje no, en el cual “no hay belleza (…) sino distancia” (p; 15).
Con mucha propiedad, pero con mucho respeto a su vez, el poemario interroga al país, a la historia, a Latinoamérica, al mundo, e incluso se podría decir que a la poesía (y todo lo que esta implica), buscando en cada uno de esos padres nuestros las posibles razones de las tragedias (si se me permite repetir el arriesgado término) en las que hemos caído. Además nos propone todo eso con una estructura muy peculiar, pues al libro, más allá del neologismo que es el título Paisajeno, cuesta ubicarle un primer poema, porque los agradecimientos, el contenido (obviamente), los pies de página, las imágenes, las fotografías, y por qué no, la edición, llueven en poesía; y las diferentes técnicas utilizadas en el poemario suman una obra que se (con)funde con distintos géneros literarios y artísticos.
Con mesura y abundancia poética (valga el escueto oxímoron) se presenta este libro en el que saltan las imágenes entre un deliro del lenguaje que, resultaría ingenuo negarlo, está muy bien logrado.
Es por eso que en esta ocasión La Letra Convexa se complace en presentar una conversación con el poeta Willy Mckey sobre su poemario y sobre la poesía en general.
Puede saberse más del autor en su página web: www.willymckey.com
Willy Mckey es un joven poeta caraqueño, es también licenciado en Letras por la Universidad Central de Venezuela. Su naciente obra poética está conformada por dos poemarios: Bocado de orfandad (2008) –premio Fundarte 2007– y Paisajeno (2012). Además de su labor como poeta, Mckey es un agitador cultural, pues ha llevado a cabo una cantidad de proyectos promotores de la cultura de gran importancia para los venezolanos que buscan espacios en el ámbito de las letras (y algo más): fue editor, junto a Santiago Acosta, de la revista de poesía El Salmón; participó durante un tiempo en la editorial Lugar Común; fue parte del comité fundador de la Biblioteca de Los Palos Grandes y además coordinó la Sala Eugenio Montejo de la misma; ha sido conductor de algunos programas de radio; también ha escrito varios artículos para diferentes revistas y para el suplemento del Papel Literario del diario El Nacional; hoy en día tiene un espacio en la emisora radial Éxitos 99.9 FM con el podcast #PasajeAlSubir, a la vez que forma parte del comité de la revista digital www.prodavinci.com.
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